Semana 4
Introducción a la Escritura Académica
El día de la clase pasada me vi inmerso en una situación que provocó mi ausencia a la misma, tenía agendada una cita, más específicamente con el odontólogo, el motivo de esta era el arreglo de una calza de uno de los dientes superiores centrales, la cual se me había caído hace alrededor de cuatro meses, pero debido a diversos viajes que realicé en vacaciones y un par de situaciones familiares no me fue posible visitar el consultorio antes.
Ya que no estuve presente en clase, describiré paso a paso de manera detallada lo que sucedió en el trascurso de aquel día, comenzando desde por la mañana. Los actos rutinarios no son un asunto extraordinario, estamos hablando de despertar, ir al baño a dedicar el tiempo necesario a asearme, arreglar un poco mi habitación, y demás, pero sí recuerdo muy bien la ropa que usé ese día, tenía colocado un pantalón de jean blanco que hace mucho no usaba porque se suele ensuciar muy fácilmente en un uso cotidiano, adicional a ello me coloqué un saco color vino tinto que tiene un cuello largo y cremallera en el mismo que baja solamente hasta la mitad del pecho aproximadamente, lo uso frecuentemente por la comodidad que me brinda. Bajo el saco decidí no llevar nada más puesto debido a que a la hora a la que salí de mi casa estaba comenzando a proyectarse el sol acompañado de un cielo medianamente despejado, así que quería estar lo más cómodo y fresco posible por si el clima se tornaba muy caliente, pero mantenerme un poco abrigado por si la temperatura bajaba una vez estuviera fuera de mi casa. Los tenis que usé fueron blancos de suela plana, es mi estilo favorito de tenis, de hecho, es notorio una vez se ingresa a mi habitación, pues gran parte de los tenis que se aprecian a simple vista conservan ese tipo de estilo.
Salí en dirección a la cita con el odontólogo yo sólo, no había ningún familiar disponible para acompañarme, pero sí estaba un carro de mi papá parqueado en el garaje, así que se me facilitó sacarlo y conducirlo, lo cual es una actividad que disfruto muchísimo en mi día a día, para lo cual, por lo general, lo hago de manera muy controlada, responsable y cautelosa, y no fue diferente en esa ocasión. Disfruto conducir de esa manera no sólo porque me siento seguro haciéndolo y hago que toda mi familia al igual que yo se sienta segura cuando me tienen a mi tras el volante, sino también porque conduciendo de esa manera contribuyo al bienestar social en las calles, conocido en términos más formales como “buena movilidad vial”.
Complementario a solamente conducir, me gusta hacerlo mientras conecto mi celular a Bluetooth con el objetivo de colocar las canciones que más me gustan y con las que me sienta acorde el día que estoy en la calle manejando; reggaetón, trap y bachata son los géneros que he acostumbrado a mi oído a escuchar desde hace una buena cantidad de años atrás; el gusto por estos géneros musicales en gran parte se deriva de las amistades que yo solía tener algunos años antes (estamos hablando de alrededor de 5 años, cuando yo aún me encontraba cursando los cursos finales dentro de mi colegio).
Al momento de llegar al edificio en el que sería mi cita, no fue fácil el tema de la búsqueda de parqueadero, y no necesariamente por el hecho de que hubiese una cantidad grande de carros inmersos en un trancón para buscar un espacio seguro donde dejar su carro estacionado, sino por la ausencia de más parqueaderos públicos en la zona.
Era la primera vez que conocía al odontólogo que me atendió, ya que su misión en nuestra familia suele ser cuidar de la sonrisa y los dientes de mi mamá, mas no de los míos, pero por cuestiones de calidad en el servicio decidimos junto a mi familia darle la oportunidad a este nuevo odontólogo para nosotros, y siendo sincero, el trato y la profesionalidad son mucho más notorios.
Alrededor de 40 minutos después desde que me acosté en la camilla, ya podía verme nuevamente al espejo y saber que los dientes después de una buena cantidad de meses estarían bien, con una buena estética acompañada de salud. La cita había terminado y el resultado fue satisfactorio. A manera de recomendación, el odontólogo me informó del riesgo que representa ingresar objetos rígidos al interior de la boca, promueve malformaciones si la práctica es reiterada y futuras rupturas que se pueden evidenciar a corto plazo. Por las anteriores razones, el almuerzo para mi de aquel día estuvo conformado por una sopa grande a manera de entrada/plato fuerte, la cual, adicional venía junto a un plato fuerte en todo el sentido de la palabas, del cual me aseguré previamente de que en lo posible no tuviese ningún ingrediente con una textura rígida ni dura para proteger mi diente recién calzado.
Al salir de la cita médica me encontré con una mayor cantidad de carros de la que había recién había llegado, y claro está, muchísimos motociclistas, pero tal y como lo mencioné anteriormente, conducir es una actividad que disfruto y no es fuente de presión o desagrado para mi, incluso en el peor de las trancones en la ciudad de Bogotá que transita por lo general de manera lenta, pero la costumbre en mi no hace que se perciba un escenario para acumular y desatar el estrés de mi día, lo cual sí hace una gran cantidad de conductores en la ciudad.
Un trancón evidencia los factores clásicos de la movilidad de esta ciudad y los detalles de cada vehículo como luces de freno encendidas durante varios segundos seguidos, o ese olor característico de la polución y contaminación generada por esta clase de carros. Pero aún así Bogotá es Bogotá y disfruto vivir en esta ciudad como en este país porque la belleza de este sitio no se consigue fácilmente.
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